Día Internacional contra la LGTBIfobia: «Me han llegado a decir: Como eres gay llevas una vida de droga y desenfreno»

Día Internacional contra la LGTBIfobia: «Me han llegado a decir: Como eres gay llevas una vida de droga y desenfreno»

El consumo de drogas o conductas adictivas sigue recibiendo un importante rechazo social, afectando de forma transversal a la vida de las personas, generando un impacto negativo en su salud física y mental. En el caso de las personas LGBTI, este estigma es doble, o incluso triple en el caso de las mujeres, porque esta penalización social se traduce en actitudes homófobas.

Es imprescindible incorporar un enfoque que tenga en cuenta los derechos humanos en las políticas de drogas a todos los niveles, que evidencie que no todas las personas están en la misma situación de desigualdad y que se trabaje firmemente para garantizar los derechos de todas las personas.

Desde Projecte Home Catalunya, y en concreto desde la Comisión de Género, queremos trabajar para combatir estas desigualdades, escuchando a este colectivo para implementar políticas y programas de prevención y tratamiento teniendo en cuenta la perspectiva LGTBI.

Para profundizar en este tema hemos hablado con una persona que ha vivido esta lucha, Enrique Fores, más conocido como Kike.

  • Hola Kike, muchas gracias por acceder a compartir tu experiencia con nosotros. Háblanos un poco de ti, ¿cuál es tu historia con la adicción?

Pues ahora tengo 50 años, y sí que a los 20-30 años había tomado algo para salir de fiesta, pero nunca había sido un consumidor habitual, consumía máximo unas dos veces al año, en ocasiones puntuales en las que salía con mis amigos y lo probaba para experimentar y ya está. Fue a partir de los 40 que me junté con gente a la que le gustaba mucho el mundo de la noche y empecé a consumir con más frecuencia, empezó siendo sólo los fines de semana y acabó siendo de carácter regular.

Un verano ya me di cuenta de que se me había ido totalmente de las manos y no sabía cómo salir de esa situación, salía todos los fines de semana cuando yo antes no era de salir tanto, y necesitaba consumir incluso para ir al trabajo o al gimnasio. El aumento del consumo fue ligado a las fiestas sexuales, el Chemsex, son fiestas en las que se practica el sexo y se consumen varias drogas y sustancias químicas, y que se puede alargar durante varios días. Así empecé a consumir los fines de semana.

Me di cuenta de que no tenía control de la situación cuando un verano estuve más de una semana sin llamar a mis padres, y me llamó mi madre para preguntándome: «¿Qué te pasa que hace días que no llamas?» Allí me di cuenta de que las drogas me habían dominado a mí, y no yo a ellas.

Durante este tiempo fui separándome de mis amigos que no consumían, dejé de ir a las escapadas de fin de semana, y también fui apartándome de mis hobbies de vida cultural, teatro, cine… Olvidé todo lo que antes me gustaba y sólo quería salir de fiesta, consumir e ir a orgías. Cuando me di cuenta lo intenté parar, pero vi que yo solo no podía. Perdí a mucha gente por el camino, me costó mucho recuperar la amistad con algunas personas porque me separé completamente de mis amigos.

  • ¿Qué desigualdades has vivido como persona con una adicción y al mismo tiempo del colectivo LGTBI?

Pues indirectamente, la gente hacía comentarios tipos “como eres gay llevas una vida de droga y desenfreno”. Este estigma existe. Por parte de mi familia igual, quizás no era rechazo, pero sí juicios de valor. Con el tiempo, y después de entrar en tratamiento y superar la adicción me he dado cuenta de estos comentarios, porque incluso ahora que he superado la adicción me siguen haciendo comentarios. A mí me costó mucho decirlo a mi familia, mucho, creo que se los conté en mi segundo tratamiento ya hacia el final, y el juicio sigue estando allí. He tenido que ponerme mis propios límites para separarme un poco de la gente que me juzga.

Esta barrera de juicios hizo que al principio me enfrentara yo solo al tratamiento, porque no me vi capaz de pedir apoyo ni a mi familia ni a mis amigos, sobre todo porque de los amigos no consumidores ya me había distanciado demasiado.

 

  • ¿Qué te gustaría que se hiciera en Projecte Home para evitar o anular las actitudes homófobas? ¿Y a la sociedad en general?

En Projecte Home no me he encontrado con actitudes homófobas. Como yo venía de un consumo de drogas y sexo muy desenfrenado me daba mucha vergüenza hablar de mi vida sexual frente a una decena de heterosexuales. Al principio esto me costó mucho, no hablaba nada en las primeras sesiones porque asumí, quizás por desconocimiento, que el resto de personas no me entenderían o que se escandalizarían porque mis prácticas sexuales podrían ser muy diferentes a las suyas, pero al final pude abrirme en este sentido y contar mis experiencias. Hay que pensar que yo vengo de un entorno familiar en el que se decía “prefiero tener un “hijo de puta” que un “hijo maricón” y eso obviamente te mina la autoestima y te bloquea a la hora de hablar las cosas.

En mi caso acudí a Projecte Home por una adicción a las drogas y al sexo, cada persona va con la mochila cargada y quizás sí que al principio me faltó tener una visión más enfocada al mundo gay, al de la autoaceptación y la autoestima, pero con el tiempo el tratamiento iba adaptando a cada persona. Cada uno llega con su historia y sus necesidades, los compañeros se acaban adaptando a esta diversidad y los terapeutas conocen la historia de cada persona y amoldan el tratamiento a las características de cada uno.

En entidades como Stop Sida sí que se da un enfoque más especifico sobre la sexualidad y la homosexualidad desde el principio porque está directamente relacionado, pero en Projecte Home cómo se tratan tantas adicciones y casos diferentes se va tratando esta cuestión con el tiempo.

  • ¿Qué pequeñas acciones podemos realizar los ciudadanos y ciudadanas individualmente para combatir estas desigualdades?

Sobre todo, tener empatía es muy importante. Ver qué es lo que te llevó al consumo. Yo no se lo dije a mi familia porque aún hubiera creado más rechazo, y la reacción, como había previsto, fue mala. Como hijo pequeño de la familia, con cinco hermanos, nunca he hecho mucho caso de lo que me han dicho, y ahora que con los años he aprendido a decir que no ya plantarme a sus peticiones, me encuentro que todavía me reprochan mi adicción, aunque ya la haya superado. En cualquier enfrentamiento me salen que “tú seguro que te estás drogando”.

Falta mucha empatía, mucha gente no comprende que una adicción es una enfermedad y que es complicado. Hay gente a la que le cuesta entenderlo. Y aunque ahora las nuevas generaciones tratan la homosexualidad de una forma diferente, todavía hay generaciones que no pueden entenderlo.

 

  • ¿Cómo es ahora tu vida?

Ahora para cuidar de mi madre que está enferma, me he ido a vivir a un pueblo de Castelló donde nació ella, y he montado un colectivo LGTBI allí para apoyar a gente con todo tipo de problemas: adicciones, agresiones, falta de aceptación propia… Hacemos pequeñas acciones, es una comarca pequeña pero hacemos charlas en institutos, cuentacuentos, etc. Busco profesionales, psicólogos, que se encargan de realizar estas acciones.

Cuando uno está creciendo cuesta encontrar referentes, o incluso para personas mayores que son homosexuales pero que ya es difícil que llegue a salir del armario… Dar visibilidad al colectivo ya hace mucha diferencia, intento que este proceso de aceptación propia no sea tan doloroso como lo fue por mí, intento dar el apoyo que me habría ayudado tener a mí.